Como dijo el sabio: “A nadie le huelen sus peos, ni sus hijos le parecen feos”.
No obstante hay gente que a la que le preocupa que el aroma de su caca, tan agradable y familiar para él, pueda causar un efecto desagradable en otras personas.
Para ellos han inventado Whiff, unas pastillas que, tomadas regularmente, hacen desaparecer ese olor. Incluso se le llega a dar un sugerente toque perfumado.

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